Festividades de Loja incitaron al maltrato de gallinas y gallos

Las gallinas y gallos son seres sintientes; usarlas como objetos en fiestas tradicionales vulnera su bienestar y causa sufrimiento.
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Gallinas maltratadas Loja

En el marco de las celebraciones patronales, una noticia circuló desde Loja: “Priostes votaron gallinas por los aires en plena catedral de Loja”, dejando en evidencia una práctica que genera profunda preocupación. Este tipo de actos no deberían llamarse fiesta para la Virgen de El Cisne. Desde Terranimal, fundación que trabaja hace más de 14 años por la protección animal, entre sus proyectos, Deja que Extiendan sus Alas, dedicado a promover condiciones de vida dignas para las gallinas, hacemos un llamado enérgico a erradicar estas acciones que convierten a seres vivos en blanco de alto riesgo y estrés.

El impacto físico que sufren las aves es innegable. Al ser arrojadas desde las alturas hacia la multitud, quedan expuestas a caídas contra el suelo, golpes severos, fracturas de alas y un manejo brusco de quienes buscan atraparlas. Llamar a esto una expresión inofensiva de devoción popular invisibiliza el daño sistemático de tratar a un animal como un objeto arrojadizo.

Para prevenir hechos como el de Loja, Terranimal impulsa acercamientos clave con el Poder Legislativo. En febrero nos reunimos con la Comisión de Justicia y Estructura del Estado para plantear la reforma al Código Civil, que aún clasifica a los animales como “bienes semovientes” pese a que la Corte Constitucional ya los reconoce como sujetos de derechos. En abril, ante la Comisión de Biodiversidad y Recursos Naturales, exigimos seguimiento a la sentencia de 2022 de la Corte Constitucional, que ordena crear una ley específica de protección animal aún pendiente.

Transformar nuestras costumbres hacia una convivencia ética con todos los seres sintientes es urgente. Las gallinas y gallos son animales inteligentes, capaces de sentir miedo y placer, y merecen un trato digno.

Las festividades tradicionales pueden honrar la fe, la identidad y la cultura sin violencia ni sufrimiento animal. Autoridades locales, eclesiásticas y ciudadanía tienen la responsabilidad de impulsar espacios festivos empáticos, demostrando que la verdadera devoción nunca se sostiene sobre el dolor ajeno.

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