Durante siglos, una gallina de campo ponía alrededor de 12 huevos al año. Era un proceso completamente natural, ligado a los ciclos de la vida y al ritmo de la naturaleza. Sin embargo, a partir del siglo XX, la industria avícola comenzó a transformar radicalmente este proceso. En 1923, la granjera estadounidense Cecile Steele fue una de las primeras en orientar la producción avícola hacia un modelo industrial, dividiendo las aves entre las destinadas a producir carne y las destinadas a producir huevos. A partir de ese momento, ambas líneas fueron sometidas a una intensa selección genética. (Avinews)
El resultado de décadas de manipulación genética es alarmante. Lo que antes era un proceso natural de 12 huevos al año pasó a 120 a principios del siglo XX, y hoy las gallinas ponedoras modernas han alcanzado una producción impensable años atrás: más de 470 huevos en 100 semanas. Este forzamiento del cuerpo del animal tiene consecuencias directas en su salud: el incremento en la postura ha contribuido a una mayor presencia de problemas como hígados grasos, osteoporosis e hipocalcemia en las aves, según Avinews.
Ante esta realidad, cada decisión de consumo es importante. Si aún consumes huevos, optar por huevos de gallinas libres de jaula es un primer paso. Pero la opción más compasiva sigue siendo una alimentación basada en plantas, que elimina por completo la demanda que sostiene este sistema.
Informarse es el primer paso para el cambio.