La Agencia Metropolitana de Control (AMC) clausuró recientemente un establecimiento clandestino en el sur de Quito, donde se decomisaron 320 pollos que presentaban signos de haber sido inyectados con sustancias para aumentar su peso. Además de operar sin permisos, el local mantenía a las aves en condiciones insalubres, directamente sobre el piso y en gavetas sucias, lo que refleja la falta de bienestar animal y los riesgos que estos sistemas de producción generan para la salud de los consumidores.
Este tipo de prácticas pone en evidencia no solo la vulnerabilidad de los animales en la industria, sino también la exposición de la ciudadanía a enfermedades transmitidas por alimentos contaminados o manipulados en espacios inadecuados. El fraude al consumidor y el maltrato a las aves son parte de una misma cadena que prioriza las ganancias por encima de la vida y la salud pública.
Ante estas realidades, cada vez cobra más fuerza la necesidad de reflexionar sobre nuestras decisiones de consumo. Optar por alternativas basadas en plantas no solo evita el sufrimiento animal, sino que también representa una opción más segura y saludable, reduciendo la exposición a riesgos sanitarios y contribuyendo a un sistema alimentario más justo y sostenible.